7 cosas que debes saber sobre el acuario natural
La ciencia avanza más rápido que nunca antes. Sus avances transforman nuestros conocimientos y prácticas en todos los ámbitos. Es el caso de la acuariofilia, que no se queda al margen de los progresos científicos en las disciplinas de lo vivo como la ecología, la microbiología e incluso la sensibilidad animal.
Por eso he intentado reunir aquí los 7 puntos que me parecen ser los pilares principales de la acuariofilia natural hacia la que cada vez somos más atraídos.
1 – Los peces sienten el estrés y el placer

Las investigaciones recientes lo demuestran: la leyenda del pez sin memoria o del pez-máquina sin sensibilidad es falsa. Nuestros peces sienten fuertemente el estrés, especialmente en el acuario: cautiverio, vista permanente de humanos, paredes transparentes, ruidos de bombas y aireadores, luz artificial que se enciende y apaga bruscamente, etc.
Este estrés los hace vulnerables a los cambios de parámetros y de temperatura, mientras que en la naturaleza son poco sensibles a ellos. ¡Un pez en un charco que se zambulle al verte “soporta” una diferencia de 5 a 6 grados en pocos segundos entre la superficie y el fondo!
La acuariofilia natural busca reducir el estrés (menos tecnología, ambiente menos aséptico...) y, por el contrario, busca las fuentes de placer.
La comida natural es esencial para ello, pues corresponde al comportamiento natural de los peces. Sus movimientos (como la natación saltarina de una dafnia) estimulan en los peces su instinto de persecución.
2 – Los microbios no son nuestros enemigos

El enfoque clásico de la acuariofilia tendía a desconfiar de los microbios, limitándose a buscar las bacterias responsables del ciclo del nitrógeno, ¡a veces vendidas en dosis clonadas procedentes de laboratorios!
Los descubrimientos recientes muestran que el agua en la naturaleza está viva con numerosos microbios en suspensión. Las paredes y el suelo acuáticos, en la naturaleza, están literalmente cubiertos por una «biopelícula» formada por millones de especies diferentes de bacterias, hongos, levaduras, virus, etc.
Esto explica por qué los acuarios tradicionales son tan inestables.
La acuariofilia natural utiliza la microfauna para proporcionar a los acuarios un verdadero microbioma natural completo y complejo.
3 – El filtro no es necesario

"¡No hay acuario sin filtro, nos enseñaron!"
Pero el filtro con bomba no es más que la idea genial de un fabricante de motores para trenes eléctricos para diversificarse. ¡El mercadeo hizo el resto…!
Filtrar las impurezas puede tener un interés estético, pero ¿qué hay del discurso sobre la función biológica del filtro?
Se dice que alberga bacterias que transforman el amoníaco en nitritos, y luego los nitritos en nitratos.
Hoy sabemos que estas bacterias, en ausencia de filtro, están presentes en todas partes del acuario: en el suelo, sobre las piedras, la arena, las plantas, en suspensión en el agua o en forma de películas invisibles.
Así, si se elimina el filtro, los desechos se depositarán en el fondo, como en la naturaleza (¡tus caracoles lo disfrutarán!), y el ciclo del nitrógeno funcionará igual de bien.
Menos ruido, menos corriente (y por tanto menos necesidad de añadir CO2), menos riesgo de aspirar a tus frágiles alevines… Y sobre todo, ¡una compra y una tarea mensual menos!
4 – Complejizar en lugar de simplificar

Nuestro reflejo, ante un problema, es eliminar el problema.
Tenemos un pulgón en nuestros tomates, así que compramos un producto que mata al pulgón. Pero este enfoque binario funciona mal con lo vivo, reino de la complejidad. Matamos a los pulgones, y por tanto a las mariquitas que pasarán hambre, y otros insectos también mueren.
Nuestros tomates ya no están protegidos por nadie, ¡volviéndonos dependientes del comerciante de productos!
Entonces solo hemos desplazado el problema...
La misma lógica existe en la acuariofilia donde, con cada problema que eliminamos, a menudo atraemos el siguiente, en una espiral que la pobreza microbiana de nuestros acuarios no sabe detener.
Al contrario, en la acuariofilia natural, se busca multiplicar las formas de vida y las especies (biodiversidad), y aún más en el ámbito de los microbios. ¡Ninguna especie logra proliferar o invadir el medio si es competida por decenas de otras! Entonces se forma un equilibrio estable, en el que todos se respetan mutuamente.
5 – El agua verde no es un gran drama

Ejemplo perfecto del problema que nos hace correr a la tienda para comprar un frasquito químico mágico: el agua verde.
Todos los acuarios pasan por esta fase algún día.
Suele desaparecer por sí sola y entonces solo es una molestia estética. Los peces no se molestan, ¡y hasta se alegran de sentirse ocultos a tu vista!
Pero si estas algas en suspensión mueren de repente, al descomponerse pueden privar al acuario de oxígeno y convertirlo en un cementerio.
En Aquazolla, en lugar de destruir las algas introduciendo un elemento químico tóxico para ellas, instalamos una red para dafnias, la Zolla’Clear (ver la Zollabox Agua Clara), en la que las dafnias se alimentan filtrando estas algas a salvo de los peces. El agua vuelve a ser clara, y las algas se transforman en dafnias que los peces adoran.
6 – No hay peces sin caracoles

Los peces, curiosamente, son el principal problema del acuario.
De hecho, se comen todos los bichos que, en la naturaleza, descomponen los desechos. El más pequeño gusano, camarón, gámbaro, ostrácodo o asélido termina en su estómago.
Así obtenemos un medio con peces, microbios, y nada más entre ambos…
De ahí la necesidad de introducir caracoles, que son los únicos bichos detritívoros “blindados”, y por tanto capaces de resistir a los peces.
¡El eslabón perdido entonces… ya no está perdido!
7 – ¿Y por qué no un acuario sin peces?

Esto nos lleva a una reflexión algo nueva, pero que cada vez tiene más seguidores.
Si el problema es el pez, ¿por qué no prescindir de él?
Mattier, 4 de agosto de 2023
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